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| UNA HISTORIA VERDADERA (1999), de David Lynch |
Alvin Straight es un anciano cabezota de caderas gastadas. En su pueblo, cuando uno no aparece puntual a la partida, los amigotes saben que algo ha ocurrido. Para un viejo, una rutina rota es síntoma de que las cosas ya no van igual, posiblemente peor, seguramente mal. La desgracia no consiste en caer sino en no poder levantarse. Y el médico no le dice nada que él ya no sepa y del resto prefiere que no le hablen. Vive con su hija, una mujer en el límite de lo clasificable. No es tonta pero tampoco lista. No es joven pero tampoco vieja. Ni demasiado triste ni demasiado alegre. Perdió a sus hijos pero no por ello es culpable, ni inocente. Ella no cambia su semblante, sólo tartamudea un poco más cuando recibe una llamada que avisa de un suceso ocurrido a muchas millas de distancia. Algo grave.
Lyle, hermano de Alvin, está muy enfermo, más achacoso aún que él. Diez años atrás dejaron de hablarse por una razón que, tal vez, ninguno de los dos recuerde. Alvin sabe que el reloj avanza más rápido que sus piernas pero menos que su determinación. Si las estrellas que contemplaron siendo niños siguen estando ahí, hay posibilidad de volver a compartirlas, aunque el tiempo corra tan veloz como el grano cuando desciende de los silos.
Bajo las alas de un cansado sombrero de cowboy, en su mirada turbia volverá a latir el brillo de una inesperada ilusión. La primera parada en su plan de viaje será pasar por caja con el único artículo que no está a la venta en la tienda de saldos que es la vejez. Y es que regatear por caras explicaciones no forma parte del equipaje de quien se acompaña del querer y poder, los dos más firmes apoyos para la voluntad del que está dispuesto a hacer. El doloroso peaje será reducirlo todo a una escala donde la dificultad, conducida por manos temblorosas, se deje agarrar por la pesada carga de un orgullo que, tarde o temprano, siempre acaba siendo penosamente arrastrado. Un recorrido pie tras pie hacia la esperanza y, a la única velocidad a la que está permitido ser alcanzado, ir ganándole yardas al perdón; paso a paso, palmo a palmo, pulgada a pulgada.
