sábado, 14 de noviembre de 2015

Charlot



EL CHICO (1921)
Un hombrecillo extraño, con un diminuto cuerpo que cubre con un sombrero pequeño, zapatos grandes, chaqué estrecho, pantalón ancho. Un ser que no encuentra atuendo a su medida y que, a pesar de la incomodidad de unas prendas que no son suyas y que se caen a pedazos, se adorna, en un esfuerzo por parecer digno y aparente, con un bigote vanidoso y un bastón de caña que le aporta maneras de suficiencia, de descaro.

Indefinible. Inclasificable. Pícaro y caballero. Cínico y sentimental. Alegre y despreocupado. Farsante y bondadoso. Un hombre sin amigos, sin patria, sin clase social, que no sabe a dónde va ni de dónde viene, sin raíces, sin pasado y sin porvenir. 


LA QUIMERA DEL ORO (1925
No es un modelo de virtud, posee mil y un defectos, trata de enfrentarse arrogantemente al mundo, de farolear, y lo sabe, tan bien lo sabe que puede compadecerse y a la vez burlarse de su suerte. En contínuo conflicto con la ley, debe huir siempre, a punto siempre de ser atrapado y sin embargo, logra siempre escabullirse. Por su abandono y su resignación resulta vencedor de la fatalidad y los déspotas. Siempre apaleado, Charlot se venga, pero nunca resulta malvado. Persuadido de su inocencia y su razón se venga por medio de la risa. No se rebela, a lo sumo pone mala cara ante las órdenes y las obligaciones. Ante alguien más fuerte que él, no manifiesta violencia que pueda volverse en su contra. Soñador y práctico, no dudará en robarle un caramelo a un niño, o de desprenderse de lo que tanto necesita para entregarlo a otro aún más necesitado que él. Conmovedor y revoltoso, no reprimirá su deseo de propinar una patada en el trasero a quien le molesta, ya sea un policía o una dama.

Con todas las cualidades humanas más contradictorias, Charlot es un hombre verdadero, en su totalidad y en su esencia. Un hombre libre que sólo responde ante sí mismo, un ser humano liberado de todas las cosas, un vagabundo. El que no cuenta, el que nada puede contra el mundo, el eterno vencido.


TIEMPOS MODERNOS (1930)
Algo que en el secreto de nuestro espíritu y en la realidad diaria de la vida nos sentimos todos poco o mucho, en esta época de máquinas todopoderosas, de guerras universales, de matanzas de millones de personas de manera científica y organizada, de miles de exiliados, de vagabundos sin hogar. Gente que sobra, que son superfluos, prescindibles. 

Charlot habla directamente a esa parte de todo corazón humano que conserva la capacidad de sentir que ser Persona es, íntimamente, lo máximo a lo que podemos aspirar, y externamente, lo mínimo que debemos exigir. De la unión de ambas cosas depende que el valor Persona recupere el significado que por derecho le corresponde. Esa es la gran tragedia de nuestro mundo al que Charlot grita su dolor sin voz.


EL GRAN DICTADOR (1940)
Porque no es un revolucionario y, si enarbola banderas que son en realidad un trapo teñido de éste o de aquel color es porque él...pasaba por allí. No es un mártir, pero prefirió perder una parte de cerebro antes de concebir en él cualquier totalitarismo. No es un ingenuo, pero no pudo volver la espalda para abandonar aún más a un niño abandonado. No es un héroe, pero sobrevivió a montañas de oro, a la soledad helada y a la desesperación le puso ingenio.


LUCES DE LA CIUDAD (1931)
Chaplin no fue un intelectual. Pasó por este mundo sin necesitar de palabras con las que mostrar la esencia secreta de las cosas. Él sólo fue un artista, un cómico que sigue y seguirá haciéndonos sentir y pensar, únicamente armado "con una sonrisa y tal vez...una lágrima".