miércoles, 18 de noviembre de 2015

Camino de Santiago (IV)


Y sin llaves

Me tiemblan las certezas con el primer paso. Los siguientes saltan decididos, alborotados ante la promesa de una largamente anhelada libertad. Camino sola. Inspirando, embriagada, el perfume de mil naturalezas y muchas más. Expirando soledad. La lluvia se muestra misericordiosa porque, por momentos, siento la caricia de sus gotas. Las hojas de las hayas cantan, dirigidas por la batuta del agua. Un mullido tapiz de todos los marrones murmulla bajo mis pies confortables. Confundo luz y oscuridad. No sé a dónde mirar. Me enamoro de un cielo, de una babosa, del resplandor de millones de gotas de rocío, porque hoy quiso ser atrevido un tímido rayo de sol. Mi caminar está emborrachado, tambaleado por los vapores de jóvenes y claros verdes, intensos crianza, de profundos verdes gran reserva. Todo es demasiado y demasiado poco para mi mirada, tan pequeña....que, paso tras paso, va perdiendo interminables rincones para ganar un horizonte más.
Durante esas primeras horas, a pesar de la oscuridad en el monte, del frío y de la lluvia incesante, mis pies no llegaron a tocar el suelo. Una fuente de energía desconocida me transportaba y yo me dejaba llevar porque, en aquellos momentos, sólo la irrealidad podía superar a toda la magia que yo presentía en el pequeño espacio que ocupaba mi ser entre el cielo y la tierra.
La prolongada y pedregosa bajada a Zubiri me cae mal, porque me arranca del ensueño, exige concentración y se me hace pesada, infinita, rompepiernas. Sigo andando por inercia, sin saber que estoy a punto de acabar mi primera etapa en el Camino. Aún ignoro el nombre del puente que cruzo al final de la cuesta y no sospecho que quizás sabe muchas cosas sobre mí. Me siento un rato en la orilla, no por descansar sino porque es una orilla de las que invitan a sentarse un rato. Tengo los pies machacados de tanta piedra pero hace rato que dejó de llover. Después de caminar durante largas horas, no tengo ni idea de lo que me espera a continuación pero transpiro descanso por toda mi piel.


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I. Con lo puesto
II. Roncesvalles
III. La puerta abierta